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Día sexto

21 de diciembre

01

Oración para todos los días

Benignísimo Dios de infinita caridad que tanto amasteis a los hombres, que les disteis en vuestro Hijo la mejor prenda de vuestro amor para que, hecho hombre en las entrañas de una Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.

En retorno de él os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro Hijo humanado, suplicándoos por sus divinos méritos, por las incomodidades con que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con total desprecio de todo lo terreno, para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente.

Se reza tres veces el Gloria al Padre.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

02

Lectura del sexto día

Jesús había sido concebido en Nazaret, domicilio de San José y de María, y allí era de creerse que había de nacer, según todas las probabilidades. Mas Dios lo tenía dispuesto de otra manera y los profetas habían anunciado que el Mesías nacería en Belén de Judá, ciudad de David.

Para que se cumpliese esa predicción, Dios se sirvió de un medio que no parecía tener ninguna relación con este objeto, a saber: la orden dada por el emperador Augusto de que todos los súbditos del imperio romano se empadronasen en el lugar de donde eran originarios. María y José, como descendientes que eran de David, no estaban dispensados de ir a Belén, y ni la situación de la Virgen Santísima ni la necesidad en que estaba José del trabajo diario que les aseguraba la subsistencia pudieron eximirles de este largo y penoso viaje, en la estación más rigurosa e incómoda del año.

No ignoraba Jesús en qué lugar debería nacer e inspiraba a sus padres que se entreguen a la Providencia, y que de esta manera concurran inconscientemente a la ejecución de sus designios. Almas interiores, observad este manejo del divino Niño, porque es el más importante de la vida espiritual: aprended que quien se ha entregado a Dios ya no ha de pertenecerse a sí mismo, ni ha de querer en cada instante sino lo que Dios quiera para él; siguiéndole ciegamente aun en las cosas exteriores, tales como el cambio de lugar donde quiera que le plazca conducirle.

Ocasión tendréis de observar esta dependencia y esta fidelidad inviolable en toda la vida de Jesucristo, y este es el punto sobre el cual se han esmerado en imitarle los santos y las almas verdaderamente interiores, renunciando absolutamente a su propia voluntad.

03

Oración a la Santísima Virgen

Soberana María que, por vuestras grandes virtudes y especialmente por vuestra humildad, merecisteis que todo un Dios os escogiese por madre suya, os suplico que vos misma preparéis y dispongáis mi alma, y la de todos los que en este tiempo hiciesen esta novena, para el nacimiento espiritual de vuestro adorado Hijo.

¡Oh dulcísima Madre, comunicadme algo del profundo recogimiento y divina ternura con que le aguardéis vos, para que nos hagáis menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad!

Amén · Se reza tres veces el Avemaría.

04

Oración a San José

¡Oh santísimo José, esposo de María y padre adoptivo de Jesús! Infinitas gracias doy a Dios porque os escogió para tan soberanos ministerios y os adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza.

Os ruego, por el amor que tuvisteis al Divino Niño, me abracéis en fervorosos deseos de verle y recibirle sacramentalmente, mientras en su divina esencia le veo y le gozo en el cielo. Amén.

Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

05

Oración al Niño Jesús

Acordaos, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijisteis a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos vuestros devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: «Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado».

Llenos de confianza en vos, ¡oh Jesús!, que sois la misma verdad, venimos a exponeros toda nuestra miseria. Ayúdanos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada. Concédenos, por los méritos infinitos de vuestra infancia, la gracia de la cual necesitamos tanto. Nos entregamos a vos, ¡oh Niño omnipotente!, seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza y de que, en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis y despacharéis favorablemente nuestra súplica. Amén.

06

Gozos navideños

Se cantan al terminar las oraciones, repitiendo el coro después de cada estrofa.

Dulce Jesús mío, mi Niño adorado:
¡ven a nuestras almas, ven, no tardes tanto!

¡Oh, Sapiencia suma del Dios soberano, que a infantil alcance te rebajas sacro! ¡Oh, Divino Niño, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios!

Ven a nuestras almas, ven, no tardes tanto.

¡Oh, Adonai potente que, a Moisés hablando, de Israel al pueblo diste los mandatos! ¡Ah, ven prontamente para rescatarnos, y que un niño débil muestre fuerte el brazo!

Ven a nuestras almas, ven, no tardes tanto.

¡Oh, raíz sagrada de Jesé que en lo alto presenta al orbe tu fragante nardo! Dulcísimo Niño que has sido llamado Lirio de los valles, Bella flor del campo.

Ven a nuestras almas, ven, no tardes tanto.

¡Llave de David que abre al desterrado las cerradas puertas de regio palacio! ¡Sácanos, oh Niño, con tu blanca mano, de la cárcel triste que labró el pecado!

Ven a nuestras almas, ven, no tardes tanto.

¡Oh, lumbre de Oriente, sol de eternos rayos, que entre las tinieblas tu esplendor veamos! Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios.

Ven a nuestras almas, ven, no tardes tanto.

¡Espejo sin mancha, santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano! ¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado y en forma de niño da al mísero amparo!

Ven a nuestras almas, ven, no tardes tanto.

¡Rey de las naciones, Emmanuel preclaro, de Israel anhelo, Pastor del rebaño! ¡Niño que apacientas con suave cayado ya la oveja arisca, ya el cordero manso!

Ven a nuestras almas, ven, no tardes tanto.

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto bienhechor rocío como riego santo! ¡Ven hermoso Niño, ven Dios humanado! ¡Luce, Dios estrella! ¡Brota, flor del campo!

Ven a nuestras almas, ven, no tardes tanto.

¡Ven, que ya María previene sus brazos, do su niño vean, en tiempo cercanos! ¡Ven, que ya José, con anhelo sacro, se dispone a hacerse de tu amor sagrario!

Ven a nuestras almas, ven, no tardes tanto.

¡Del débil auxilio, del doliente amparo, consuelo del triste, luz del desterrado! ¡Vida de mi vida, mi dueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano!

Ven a nuestras almas, ven, no tardes tanto.

¡Ven ante mis ojos, de ti enamorados! ¡Bese ya tus plantas! ¡Bese ya tus manos! ¡Prosternado en tierra, te tiendo los brazos, y aún más que mis frases, te dice mi llanto!

Ven a nuestras almas, ven, no tardes tanto.

¡Ven, Salvador nuestro, por quien suspiramos; ven a nuestras almas, ven, no tardes tanto!

Villancicos navideñosPara seguir cantando

Noche de paz

Noche de paz, noche de amor, todo duerme en derredor; entre sus astros que esparcen su luz bella anunciando al niñito Jesús brilla la estrella de paz, brilla la estrella de paz.

Noche de paz, noche de amor, todo duerme en derredor; sólo velan en la oscuridad los pastores que en el campo están; y la estrella de Belén, y la estrella de Belén.

Noche de paz, noche de amor, todo duerme en derredor; sobre el santo niño Jesús una estrella esparce su luz, brilla sobre el rey, brilla sobre el rey.

Noche de paz, noche de amor, todo duerme en derredor; fieles velando allí en Belén los pastores, la madre también, y la estrella de paz, y la estrella de paz.

Vamos pastores

Vamos pastores, vamos, vamos a Belén, a ver en aquel niño la gloria del Edén.

Ese precioso niño yo me muero por él; sus ojitos me encantan, su boquita también.

El padre lo acaricia, la madre mira en él, y los dos extasiados contemplan aquel ser (bis).

Vamos pastores, vamos, vamos a Belén, a ver en aquel niño la gloria del Edén.

Yo, pobre pastorcillo, al niño le diré, no la buenaventura: eso no puede ser.

Le diré que me perdone lo mucho que pequé y en la mansión eterna un ladito me dé (bis).

Tutaina

Tutaina tuturumá, tutaina tuturumaina, tutaina tuturumá turumá, tutaina tuturumaina.

Los pastores de Belén vienen a adorar al niño; la Virgen y San José los reciben con cariño. Tutaina...

Tres reyes vienen también con incienso, mirra y oro a ofrendar a Dios su bien como el más grande tesoro. Tutaina...

Vamos todos a cantar con amor y alegría, porque acaba de llegar de los cielos el Mesías. Tutaina...

Oraciones básicasPadre Nuestro · Avemaría · Gloria

Padre Nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Amén.

Avemaría

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, los pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.